dimarts, de desembre 16, 2008

"Cada vez que Wen hace un juguete"

Després de veure el documental de "Bienvenido a China", aquesta notícia podria ampliar el contingut, per això l'he trobat interessant, a més reflexa la realitat laboral de gran part del sistema productiu que Europa consumeix però que no produeix.
China, la grán fábrica mundial recibe cada vez más pedidos de los países del Norte. Y es que éstos ya no quieren cubrir gastos de producción en casi ningún segmento del mercado y externalizan la fabricación, con los costes ambientales y sociales que esto supone:

« Un corazón que declara su amor con un metálico "te amo" cuesta en China 32 céntimos de euro. Cuando 50.000 de ellos lleguen a España, a tiempo para la campaña de San Valentín, su precio se habrá multiplicado por 10 o por 12. En el camino habrán quedado varios BMW serie 7, opíparas comilonas, y algún que otro soborno. Sin embargo, Wen Xiqi recibe unos 40 yuanes (cuatro euros) por cada jornada de trabajo de entre 10 y 15 horas, dependiendo del volumen de pedidos de la empresa. Esta joven de 24 años es capaz de introducir el mecanismo eléctrico del corazón, que puede expresarse en una docena de idiomas, y coser 120 unidades a la hora. Sentada sobre un taburete de escasos treinta centímetros de alto, por sus manos pasa una media de 1.300 unidades al día.

La fábrica en la que trabaja esta joven está a unos 20 kilómetros de la ciudad de Yiwu, uno de los principales centros manufactureros de la provincia de Zhejiang, en la costa este de China. Es un anodino bloque de ladrillo rojo de cuatro pisos escondido al final de un laberinto de callejuelas sin asfaltar por las que apenas puede pasar el Audi A-6 L 2.4 de su propietario, uno de tantos empresarios enriquecidos de la noche a la mañana gracias al negocio de la exportación. Junto a ella, otras 40 trabajadoras desempeñan su labor en un silencio sólo roto por los repetitivos "te amo" de los juguetes. Se afanan por terminar a tiempo los corazones que los españoles podrán adquirir en febrero, básicamente en bazares chinos y tiendas de todo a cien. La etiqueta con el logo CE certifica la calidad del producto, pero no las condiciones en las que trabajan Xiqi y sus compañeras.

El termómetro marca casi cero, pero en la fábrica no hay calefacción. Tampoco en los dormitorios de la cuarta planta, donde las mujeres descansan hacinadas en literas de madera. Sólo quienes manejan directamente el relleno de los corazones, unas fibras plásticas muy finas, cuentan con mascarillas de papel como medida de seguridad. El resto, puede sufrir problemas respiratorios graves derivados de su contacto con el material. Sin embargo, el dueño parece satisfecho con las condiciones de sus empleados. "En otras empresas son mucho peores; incluso se castiga físicamente a los empleados, algo que yo jamás hago", se justifica. "Este es el estándar en China y no he recibido ninguna queja al respecto". Desconocedoras de sus derechos, y amedrentadas por las multas que la empresa les impone si no cumplen los plazos o, incluso, si enferman, difícilmente levantarán la voz sus trabajadoras. A pesar de todo, Xiqi está contenta. Gana entre 120 y 130 euros al mes, un 150% del salario mínimo, y consigue enviar entre 40 y 50 a su familia en Sichuán.

Ninguna de las trabajadoras, la mayoría procedentes de provincias pobres del interior, como Xiqi, cuenta con seguro médico, y el empresario no paga impuestos por ellas. Para evadir las tasas, además de mantener algunos empleados en la sombra, ha creado tres pequeñas entidades fiscales diferentes. "Si tuviese sólo una empresa con 150 trabajadores, no contaría con las exenciones fiscales que ofrece el Gobierno para las pequeñas empresas, y no podría ofrecer los precios tan bajos que me exigen los clientes extranjeros", dice. De otra forma, tampoco podría haber obtenido el millón largo de yuanes (más de 100.000 euros) de beneficio neto del año pasado, que se reparte a medias con su mujer. "Bueno, y algo también hay que darles a los del partido", afirma. »


ANTÓN ETXEBARRÍA SHANG - El País, 16/12/2007

1 comentari:

Anònim ha dit...

Bé, Oriol. et desitjo un Bon Nadal. Ens veurem el 2009. Pagarà la pensa.
Albert