diumenge, de gener 25, 2009

Ultras, morir matando

"Marcos es "muy español", talaverano y de pelo corto. En 1993 fundó junto a otros amigos, también "muy españoles" y apasionados del fútbol, los Ultras Tala. Dejó el grupo hace poco, "cuando empezó a degenerar". La degeneración comprende batallas con hinchadas rivales, también las batidas de caza en las que los ultras se lanzaban a la calle con palos y puños americanos en busca de inmigrantes, homosexuales, aficionados del Toledo... Un enemigo cualquiera de los muchos que tiene un ultra.
Ningún bar de Talavera (86.000 habitantes) le parece a Marcos seguro. Tampoco quiere dar su verdadero nombre. "Se enteran de que hablo, y ya ves", se justifica. Los ocho Ultras Tala detenidos el 14 de enero por asociación ilícita, agresiones y provocación al odio y la violencia están en libertad con cargos. Para hablar de las cacerías prefiere resguardarse de la lluvia en un portal. Baja la voz cuando oye pasos.
La intervención policial ha recordado que los hinchas fanáticos siguen vivos y con ganas de guerra. Marcos representa la trayectoria clásica: el hincha radical llega a una cierta edad, encuentra novia o trabajo, y se aleja de la violencia. La generación de relevo parecía menos adrenalínica que la hornada de Ricardo Guerra, ultra del Atlético de Madrid que asesinó al hincha de la Real Sociedad Aitor Zabaleta en 1998. Los grupos parecían en las gradas cada vez menos numerosos y violentos, por eso los ultras de la vieja escuela han vivido estos años hundidos en la nostalgia. Todo pasado fue mucho mejor, insisten en sus foros de Internet. Al relevo generacional se añaden incentivos importantes para dejar el bate en casa: la firmeza policial, la nueva ley contra la violencia deportiva y las distancias que los clubes comienzan a tomar frente a los aficionados agresivos, espoleados por la mala prensa y las sanciones.
Pero el fenómeno vive periódicamente repuntes furibundos. Rebasando los muros de los estadios, reductos en los que se toleran comportamientos inadmisibles en otros ámbitos, la violencia a veces sale del campo. En Talavera, muy a menudo. Por ejemplo, el 5 de noviembre de 2006, cuando los Bukaneros, ultras que acompañan al Rayo Vallecano, destrozaron con palos, bengalas y escudos claveteados, un bar frecuentado por los Ultras Tala. También cuando unos neonazis, según la Fiscalía Provincial de Toledo relacionados con los Ultras Tala, arrasaron en ferias una caseta de Izquierda Unida, o cuando otros 20 se citaron por móvil para apalear a un inmigrante."


El País 25-1-09


Aquesta és una petita part de la notícia que ha sortit avui al País, reflexant que malgrat els avenços que hem fet a l'era que ens trobem, i la manera que ha evolucionat la llibertat d'expressió, encara existeixen els "ultres" de l'esport, que només assisteixen als partits dels seus equips per lluitar contra els seus rivals.
Amenaces, apunyalades, insults, lluites...són mostres de que la violència és un dels ítems que caldria tractar més a fons, retornant els valors, a aquests joves, a través de centres educatius, projectes, seguiments personals...

Lluitem contra la violència.


Gisela Reales