dimecres, de març 11, 2009

Contra el desmantelamiento de la universidad publica

Desde hace ya muchos años, con independencia de las respectivas adscripciones ideológicas, los hombres y las mujeres que trabajamos en la Universidad sostenemos que resulta imprescindible e inaplazable una reforma que ponga fin a su progresivo deterioro. La implantación del Plan de Bolonia, presuntamente, vendría a ser la respuesta a ese deterioro. Esto es lo que se nos ha dicho. Lamentablemente, pensamos que no es así.

La implantación de ese Plan es, en realidad, una imposición que no ha contado con los agentes y las agentes que están directamente implicados en él, y el deterioro se está abordando sin que se haya hecho un auténtico diagnóstico del estado actual de la Universidad. A estas alturas, lo que se puede afirmar irrefutablemente es que se está desmantelando la Universidad pública, que se está supeditando su funcionamiento a los dictámenes del mercado y que se está desperdiciando el conocimiento en la medida en que es tratado como una mercancía. En definitiva, se está decretando un cambio del modelo de Universidad sin que ninguno de sus impulsores y defensores haya explicado todavía cuál es el eje sobre el que pivota ese modelo y adónde nos debe llevar.

Lo único que hemos oído reiteradamente, cada vez en tono más autoritario, es que el Plan de Bolonia permitirá el avance del conocimiento científico, la compatibilidad de las titulaciones y la movilidad de estudiantes, PDI (personal docente) y PAS (personal no docente) por todo el territorio de la Unión Europea, o la integración de los graduados universitarios en el mercado laboral europeo, donde se supone que casi todos hallarán una inserción calificada al acabar sus estudios.

¿Alguien puede disentir de esos propósitos? Obviamente, nosotros creemos que nadie. Pero lo que no dicen es que bajo una reconversión docente y pedagógica que, según afirman, ofrece innumerables oportunidades de reforma de los estudios universitarios y un cambio en los hábitos de trabajo del PDI, el PAS y los estudiantes, se nos escamotea, a los protagonistas de la vida universitaria, la posibilidad de reflexionar lúcidamente sobre las decisiones que se están tomando y las consecuencias que tendrán en la configuración de la universidad pública.

Los acontecimientos de este curso en diversas universidades del Estado protagonizadas por los estudiantes han tenido el acierto y el coraje de denunciar y de poner en la escena pública la carencia de recursos disponibles y el estado de precariedad intelectual y docente hacia el que nos dirigimos, estado en el que se pretende transformar el conocimiento en simples competencias y habilidades, evaluables principalmente según criterios de rentabilidad empresarial. En suma, esos acontecimientos y ese coraje estudiantil han removido las expectativas y esperanzas privatizadoras, sacudiendo la pasividad de muchos de nosotros, que hemos decidido salir de nuestro aislamiento y, de manera colectiva, involucrarnos activamente en los retos de futuro que la universidad debería afrontar, si quiere hacerlo con responsabilidad.

Las protestas estudiantiles han sacado a la luz las críticas y reflexiones que hasta ahora sólo existían en los pasillos, a manera de ritual, exponiéndolas a un debate abierto de una manera valiente. Sin embargo, al mismo tiempo, la respuesta ofrecida por los órganos de gobierno de las universidades se ha orientado a menudo hacia el descrédito y el rechazo de sólidos argumentos y hacia la criminalización de las prácticas y de las personas implicadas en el proceso de discusión del Plan de Bolonia con la intención de impedir la emergencia de alternativas y de abortar cualquier proceso de reflexión pública, compartida y democrática: son claro ejemplo de ello las denuncias penales y el desenlace de las medidas sancionadoras a los alumnos de la UAB.

La historia demuestra que la comunidad universitaria no puede quedar al margen de ninguna situación crítica que la afecte. Por eso reclamamos participar en un debate colectivo sobre su futuro. Tantos años y tantos planes y cambios de todo tipo, todos tan torpes, por fuerza tienen que hacer que seamos escépticos: el futuro de la enseñanza superior y de la investigación científica no puede estar depositado exclusivamente en espacios difusos de decisión ni en gabinetes tecnocráticos que sólo funcionan mecánicamente y rinden cuentas de una manera autárquica.

Es urgente y necesario mejorar nuestro sistema educativo de arriba a abajo, con la generosa participación de todos. Por ello es necesario abrir un debate que no se realice de espaldas a los estamentos de la comunidad universitaria, sino que propicie la participación

La tan reiterada crisis de la enseñanza, que tanto escandaliza a los políticos y que ayuda a llenar de polémicas los medios de comunicación, demasiado a menudo desfigura diferentes aspectos que, con el pretexto de una reforma pedagógica, enmascaran, verdaderamente, una reforma del modelo de Universidad. Amparándose en el Espacio Europeo de Educación Superior, como si fuese una fuerza de la naturaleza que nadie puede detener porque es resultado de las “circunstancias”, tampoco se nos dice que la implementación de este Espacio acentuará:

1. El progresivo secuestro de los espacios de pensamiento crítico y el embargo de las capacidades reflexivas y creadoras de los estudiantes y el profesorado, con la adecuación de contenidos y ritmos frenéticos de los planes de estudio a la lógica de un discurso capitalista de última generación, hoy en profunda crisis y posiblemente ridiculizado para mucho tiempo.

2. La adecuación de la producción y el uso del conocimiento a las leyes del mercado, transformando el pensamiento en meras habilidades y convirtiendo la formación intelectual en simple mercancía.

3. La insuficiencia de transparencia en la planificación y gestión diaria de la Universidad, a menudo inmersa en prácticas irrespetuosas con la legalidad vigente que obstaculiza la participación, convertida en un simulacro para la mera preeminencia de operaciones formales y de procedimiento. A modo de ejemplo, destacamos la irregularidad de determinadas figuras contractuales, el incumplimiento de la carga lectiva reconocida en los convenios o la recomendación de la Sindicatura de Cuentas de la UAB para que ajuste sus actividades contables a la legalidad.

4. La extralimitación de las relaciones jerárquicas y de las diferencias de condiciones laborales dentro del PDI y del PAS; la intensificación de la relaciones de poder; la extensión de la sumisión; la colisión de intereses que se resuelven arbitrariamente, prescindiendo de instancias formales; y la utilización de la institución pública para lucros privados, con la creación de un entramado de fundaciones y entidades participadas, másters privados, etcétera.

Es por todo ello que no nos resignamos a la oferta oficial de una pasividad cómplice y que optamos, en cambio, por una actividad creativa, constructora de alternativas siempre abiertas. Queremos participar en la generación de un espacio abierto de discusión, no mediatizado por principios innegables ni por normatividades inmutables, para poder intervenir como agentes activos, como hasta ahora lo han sido los y las estudiantes, con la voluntad de ser interlocutores e interlocutoras.

Nos emplazamos, pues, a trabajar por hacer realidad estos objetivos y hacemos una llamamiento a la participación activa en este diálogo. El próximo sábado 14 de marzo, a las 10:30 h, el PDI y el PAS de las universidades catalanas nos encontraremos nuevamente en el edificio histórico de la Universidad de Barcelona para acordar las actuaciones inmediatas. Asimismo, los suscriptores de este manifiesto llamamos a la participación activa en las movilizaciones universitarias del próximo jueves, 12 de marzo.


Yolanda Soler Molina

1 comentari:

Albert Vives Soldevila ha dit...

sempre està molt ben maquillat tot, qui ho patrocinat margaret astor o k?